¿Y qué voy a hacer yo sin Cayetana?.. la herencia anunciada

La fortuna de la duquesa de Alba salió a la luz cuando la aristócrata distribuyó entre sus seis hijos en 2011 la mayor parte de su valiosísimo patrimonio. Pero todavía queda mucho por repartir. La incógnita está ahora en conocer lo que recibirá el viudo de la duquesa, legalmente tan heredero como sus hijos.

“¿Y qué voy a hacer yo sin Cayetana?”, se lamentaba desolado y entre lágrimas Alfonso Díez poco después de la muerte de su esposa. El que ha sido duque consorte hasta la mañana de este jueves abandonará pronto los palacios de Liria y Las Dueñas, donde el matrimonio repartió su vida en los tres años que estuvieron casados.

En realidad, el domicilio conyugal de los duques de Alba se había fijado en la mansión sevillana, según el acuerdo firmado en 2011 entre la duquesa y sus hijos cuando repartió la mayor parte de su herencia. Pero el de Las Dueñas, que aunque en un momento dado pudo haberle correspondido al nieto mayor de la duquesa, Fernando, hijo de María Hohenlohe y Alfonso, duque de Aliaga, al final se lo queda Carlos, duque de Huéscar. En cualquier caso, Alfonso Díez saldrá de Las Dueñas y de la familia Alba.

Ha sido un marido atento, afectuoso, entregado, se ha ocupado de cuidar y hacer feliz a su mujer hasta el último momento: “Cuando no esté Cayetana, yo ya no tengo nada que hacer ahí”, confesaba Alfonso a esta periodista en la inauguración de la exposición de Givenchy en el Museo Thyssen.

En realidad, el funcionario siempre supo y quiso estar de paso en las mansiones de los Alba y sólo pisaba sus elegantes salones cuando acompañaba a la duquesa. Su piso de soltero en el barrio de Chamberí siempre estuvo dispuesto y allí se quedaba cuando viajaba solo a la capital. Y su nueva casa en Sanlúcar de Barrameda será el refugio de su soledad y sus recuerdos…

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LA CASA DE SANLÚCAR

Una casa andaluza de 200 metros, sencilla y con clase, construida hace 150 años, regalo de la duquesa a su marido aunque Alfonso es quien se ha hecho cargo de la remodelación y el interiorismo. Este verano, Alfonso y su esposa, ya en silla de ruedas, almorzaron en Sanlúcar con Pilar González de Gregorio, hija de la duquesa de Medina Sidonia, pero el duque consorte, conocedor del exquisito perfeccionismo de Cayetana, no quiso que vieran la casa, todavía con detalles pendientes y donde hay antigüedades compradas por la duquesa a su marido en el Rastrillo sevillano.

Se dice que Alfonso Díez hubiera deseado que la familia liquidara en vida de la duquesa la hipoteca con la que se paga su casa andaluza, pero por el momento no ha sido así. Aparte de la casa, los viajes por el mundo del matrimonio, algunos momentos inolvidables como ser tratados con especial deferencia por el príncipe Carlos de Inglaterra en el palacio de Buckingham, ¿qué le queda a Alfonso Díez del legado material de la duquesa de Alba?

LA FUNDACIÓN CASA DE ALBA

La colección de arte de la duquesa, una de las más importantes del mundo, los palacios de Liria y Monterrey, en Salamanca, documentos y otros bienes históricos de gran valor están protegidos por la Fundación Casa de Alba y nunca podrán venderse.

Otros palacios, fincas, pisos, empresas y acciones que conforman la fortuna de Cayetana, estimada en casi 3.000 millones, fueron donados por la duquesa a sus hijos en 2011 para conseguir que aprobaran su boda con Alfonso Díez. Los herederos de Cayetana, los amigos de la duquesa y la opinión pública en general recelaban de las intenciones del funcionario, al que veían como un cazadotes que podría desestabilizar el futuro económico de la casa. Alfonso Díez juró que no pretendía nada material de Cayetana y estaba dispuesto a confirmarlo por escrito. Sin embargo nadie puede renunciar a lo que todavía no tiene aunque le corresponda legalmente.

De entrada, parece que al casarse el consorte declinó la oferta de una asignación de unos 2.000 euros al mes, equivalente a su anterior sueldo de funcionario. ¿Le pareció una limosna humillante o quiso demostrar su auténtico desinterés por el dinero de la familia?. En todo caso, como viudo, Alfonso tiene derecho a parte de los bienes que todavía quedan por repartir entre los herederos, incluidos en la testamentaría general. Si finalmente renuncia a ellos o no, nada se sabe.

La herencia desconocida de la duquesa abarca valioso mobiliario de época y más de 200 obras de arte, entre las que se encuentran telas del impresionismo adquiridas por Cayetana después de la muerte de su padre.

Desde un Picasso menor de 1920, a Miró, Dalí, Corot, Eugene Boudin, Renoir, Henri Fantin-Latour y un Chagall que la duquesa prometió en vida que sería para su hijo Jacobo.

El reparto de este patrimonio deberá hacerse por un pacto de los beneficiarios o un sorteo ante notario. Hasta el momento no ha habido enfrentamiento entre los herederos, aunque algunos han considerado que su madre fue más generosa con unos que con otros.

DISPUTAS CON LOS HIJOS

A la muerte de su marido Luis Martínez de Irujo, un hombre de gran fortuna, Cayetana sólo permitió que sus hijos recibieran el tercio del patrimonio de la herencia paterna que les correspondía por ley. Ella administró el resto.

En la donación de 2011, a Cayetano le correspondió el palacio donostiarra de Arbaizenea en San Sebastián, que había pertenecido a Luis Martínez de Irujo. Una propiedad de dos hectáreas, bellísima y de gran valor, en medio de San Sebastián.

Jacobo, conde de Siruela, el tercero de los hijos, quería los muebles de su padre que decoraban Arbaizenea. La duquesa rechazó esa pretensión porque consideraba suficiente haberle ayudado con la Masía donde vive su hijo en el Ampurdán. Y además en un programa de televisión hizo unos comentarios sobre Inka Martí, la esposa de su hijo, a la que calificó de mala y envidiosa.

Jacobo Siruela tomó como algo personal la ofensa a su esposa, se negó a asistir a la tercera boda de su madre y en un comentario a LOC en París, el mismo fin de semana que Cayetana se casaba en Sevilla, aseguró que esperaba alguna disculpa de la duquesa.

Las excusas tardaron en llegar y el conde de Siruela estuvo dos años sin pisar Liria hasta que las cosas se arreglaron. Finalmente Jacobo y su mujer pasaron las Navidades de 2013 con toda la familia en el palacio madrileño.

Queda por conocer el destino de otros bienes personales de la duquesa, como sus joyas, que se guardaban normalmente en la caja fuerte del despacho del administrador. Es probable que Eugenia reciba la mayor parte ellas. La única hija de la duquesa lució en su boda con Francisco Rivera en Sevilla la diadema de platino, diamantes y perlas que perteneció a la emperatriz Eugenia de Montijo, tía abuela de Cayetana, que falleció en el palacio de Liria en 1919 a los 93 años. Sin embargo, tanto a la madre como a la hija le gustaba más la bisutería hippy o los diseños que hace Eugenia para la firma Tous.

Una de las joyas más valiosas de la colección de la duquesa, la llamada Tiara Rusa, heredada de su madre la duquesa de Híjar, la llevaron sus nueras María Hohenlohe y Matilde Solís cuando se casaron con Alfonso y Carlos, los hijos mayores de Cayetana .

En el entorno familiar se dice que la duquesa vendió después la joya para comprarle un caballo a Cayetano, su hijo favorito y notable jinete. Pero añaden que la operación ayudó también a resolver los problemas de liquidez de la Casa de Alba .

Un patrimonio inmenso en tierras, castillos y obras de arte pero no en fortuna en efectivo. Los Alba siempre han sido conservadores en sus finanzas y poco dados a la especulación. Pero la crisis y la dinámica del mundo financiero actual ha hecho mella en el día a día de su economía.

Cuando la duquesa, ya muy deteriorada, cedió la gestión de las empresas y la economía de la casa a sus hijos Carlos y Cayetano, éstos decidieron rentabilizar el prestigio de su título, como hace la aristocracia británica y tantos nobles italianos y franceses.

Los jardines del palacio de Liria se alquilan algunos meses al año para celebraciones institucionales o de empresas de alto nivel. Está en marcha comercializar vinos, aceite y naranjas de las fincas familiares,con el nombre y el escudo de los Alba.

En 2013 se subastó en la sala Christie’s de París el mobiliario art déco de un baño del palacio de Liria, encargado por Jacobo Alba en 1921 al prestigioso diseñador Armand Rateau. La subasta fue un éxito mayor del esperado, la venta se cerró en seis millones.

La Casa de Alba empieza una nueva etapa de su historia. La duquesa dejó las cosas bien atadas para que hubiera concordia en la familia. El tiempo dirá si se respeta su santa voluntad.

Presencias y ausencias de la familia política

Hacía mucho tiempo que no veíamos a Matilde Solís, la nuera más enigmática de la duquesa de Alba. La ex esposa del duque de Huéscar no faltó a las exequias de su suegra porque, a pesar del divorcio de su hijo mayor y heredero del título de duque de Alba, es también la madre del hombre que liderará la Casa de Alba en el futuro, Fernando Fitz-James Stuart, de 24 años. Él ha estado con su madre en todo momento desde que falleció su abuela. Matilde no ha sido la única ex nuera de la duquesa presente en el funeral. Han estado todas, sólo ha faltado su ex yerno, Fran Rivera, con el que no mantenía una buena relación por pelear en los tribunales con su hija Eugenia por la custodia de su nieta Tana.

Autora: Maria Eugenia Yagüe

http://www.elmundo.es/loc/2014/11/22/546f6d0622601d5c1b8b4576.html

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