¿Por qué se usaban unas máscaras puntiagudas durante la epidemia de la peste?

La peste fue una enfermedad que se extendió por toda Europa en la Edad Media. Venecia fue uno de los focos principales de la infección y, para combatirla, los médicos idearon una indumentaria de lo más siniestra. Desde entonces, la máscara en forma de ave es un clásico del carnaval veneciano..

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Gioacomo Cosua / Gettyimages

La peste negra fue alguna vez la enfermedad más temida en el mundo, capaz de exterminar cientos de millones de personas en una pandemia aparentemente imparable que producía ganglios inflamados, piel ennegrecida y otros síntomas repugnantes. En la piel los “bubos”-de ahí el nombre de “peste bubónica”– y que no eran otra cosa que ganglios linfáticos inflamados que se volvían de color negro después de un tiempo debido a las hemorragias internas que se generaban, lo que hace que se llame también “peste negra”. Estos nódulos eran muy dolorosos, se localizaban en las ingles, el cuello y las axilas.

Durante la Edad Media y el Renacimiento, la peste negra azotaba Europa y miles eran las víctimas que cada día se rendían a sus pies. La pandemia de la peste negra se originó hacía 1348 en Asia occidental. Pero rápidamente se expandió por toda Europa favorecida por las rutas comerciales y la mala salubridad de las calles. Por lo que las grandes ciudades de este sector fueron los primeros focos, como fue el caso de Sevilla, puerta hacia América.

Fue en el año 1348 cuando se desencadenó en la ciudad de Génova una epidemia de peste. Desde esa ciudad se fue extendiendo al resto del continente. Es cierto que no fue la primera ni la última plaga que contagió a los europeos, pero sí la que más muertes produjo.

En la Europa del siglo XVII, los médicos que atendían a las víctimas de peste vestían con un traje que desde entonces tiene matices siniestros. Se cubrían de pies a cabeza y llevaban una máscara con un largo pico como de pájaro. La razón tras estas máscaras puntiagudas era una idea equivocada sobre la naturaleza misma de la enfermedad.

Durante esos periodos de brotes de peste bubónica –pandemia recurrente en Europa por siglos– los pueblos afectados por la enfermedad contrataban médicos de la peste negra, quienes practicaban su “medicina” a ricos y pobres por igual. Estos médicos prescribían brebajes y antídotos que se creían protectores contra la peste, escuchaban últimas voluntades y hacían autopsias, algunos aun mientras vestían las máscaras.

El traje se atribuye con frecuencia a Charles de Lorme, médico que atendía las necesidades médicas de las realezas europeas del siglo XVII, incluidos el rey Luis XIII y Gastón de Orleans, hijo de María de Medici. De Lorme esbozó un vestuario que incluía un abrigo cubierto de cera perfumada, pantalones de montar dentro de las botas, camisa fajada, y sombrero y guantes de piel de cabra.. En la cabeza el equipo era particularmente extraño: los médicos de la peste negra usaban una suerte de anteojos, prosigue De Lorme y una máscara con nariz “de medio pie de largo con forma de pico, llena de perfume con solo dos hoyos, uno a cada lado cerca del las fosas nasales, pero es suficiente para respirar y transportar, con el aire que uno respira, el aroma de las hierbas retacadas a lo largo del pico”.

Aunque los médicos de la peste negra vistieron estos atuendos por toda Europa, la figura fue tan icónica en Italia que “médicos de la peste negra” se convirtieron en marcas de la Comedia del arte y los carnavales y aún hoy es un disfraz popular.

Pero el intimidante conjunto no era solo un cadavérico capricho de la moda. Tenía la intención de proteger al médico del miasma. En épocas anteriores a la teoría microbiana de la enfermedad, los médicos creían que la peste se diseminaba por medio de aire envenenado que podía crear un desequilibrio en los humores o fluidos corporales de las personas. Se creía que los perfumes acres y dulces eran capaces de fumigar las zonas azotadas por la peste y proteger a quienes los respiraban. Los ramilletes, el incienso y otros perfumes eran comunes en esa época. Los médicos de la peste llenaban sus máscaras con triaca, un compuesto con más de 55 yerbas y otros componentes como polvo de carne de víbora, canela, mirra y miel. De Lorme pensaba que la forma en pico de la máscara le daría al aire tiempo suficiente para embeberse de las yerbas protectoras antes de alcanzar las fosas nasales y pulmones de los médicos de la peste.

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La Yersina Pestis

La peste es causada por la bacteria Yersinia pestis, que se trasmite a través de pulgas y roedores. Aunque en su variedad neumónica o pulmonar también se puede transmitir por el aire de persona en persona. La enfermedad azotó de igual manera a ricos y pobres. Durante los cuatro siglos que permaneció tan activa, la población de la Península Ibérica descendió de los seis a los dos millones y medio de habitantes, mientras que en Europa el índice de mortalidad rondó el 60%.

La peste estuvo presente en el Viejo Continente hasta después del siglo XIX. Aunque, hoy en día, sigue habiendo contagios por otras partes del mundo. De hecho, entre 2010 y 2015 se notificaron 3.248 casos, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Varias pestes pandémicas terroríficas barrieron el planeta antes de que la causa fuera finalmente descubierta.

En el año 541, el Imperio bizantino fue golpeado por una terrible epidemia de peste. La capital perdió una cuarta parte de sus habitantes, y el propio emperador estuvo a punto de morir. Se estima que, entre 541 y 750, la población mundial perdió entre 25 y 50 millones de personas, es decir, entre el 13 y el 26% de la población estimada en el siglo VI. Se ha llegado a considerar como una de las más grandes plagas de la historia. Se supone que la causa de ésta plaga, llamada plaga de Justiniano, fue la peste bubónica.

En 2012, un grupo de investigadores alemanes secuenció el genoma extraído de los dientes de dos esqueletos del cementerio de Aschheim, en Baviera, enterrados hacia 570. La conclusión fue que habían muerto de peste. Los investigadores también lograron aislar la bacteria que los mató: la Yersinia pestis. Era la misma que despetaría ocho siglos más tarde y que, con el nombre de peste negra, diezmó a un tercio de la población europea.  Aniquiló hasta un tercio de la población europea entre 1334 y 1372 .

La siguiente epidemia surgió entre los años 1575 y 1577, pero en esta ocasión se originó en la bella Venecia. Para combatirla, los médicos venecianos contaron con dos islas-hospitales: el Lazaretto Vechio y el Lazaretto Nuovo, a los que llevaban a los enfermos y a los sospechosos de padecer la peste, respectivamente. Y continuó con brotes intermitentes hasta 1879. Otra pandemia de peste devastaría gran parte de Asia entre 1894 y 1959.

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¿Cómo se controló al final la peste?

Aunque en el periodo de la Edad Media no existió una cura específica, los métodos más efectivos para combatirla fueron las medidas fitosanitarias como la cal viva, el fuego y un mejor saneamiento. Pioneras en su época y contrarias al contexto social predominante de la época.

Por tradición, los difuntos debían ser velados días después de su muerte, cuestión que ayudaba a propagar la enfermedad. Los entierros religiosos tampoco cumplían con las medidas de control. De esta manera, y ante esta circunstancia, los fallecidos eran enterrados en fosas en los que se alineaban y se envolvían en sudarios de lino, vertiéndose grandes cantidades de cal viva disuelta en agua. Esto sellaba la tumba y mermaba la expansión de la enfermedad.

Además, la ropa de cama y las prendas de los infectados eran finalmente picadas y quemadas, así como sus pertenencias personales. Esta técnica se consideró una de las más efectivas para erradicar la peste. También las casas donde se habían producido fallecimientos eran marcadas. Por lo que debían someterse a una limpieza profunda antes de albergar de nuevo a personas. Para ello, se abrían puertas y ventanas durante un periodo mínimo de quince días. Además, se quemaba azufre y pólvora en su interior y se encendía fuego. También se picaban y blanqueaban las habitaciones de los enfermos con cal viva, y se limpiaba el suelo con vinagre. En el caso de los lugares públicos se solía realizar una quema de romero, incienso, madera de olivo, entre otras hierbas, para limpiar el aire.

Todo ello tenía un fin higiénico y el objetivo de minimizar el contagio de la peste. De esta forma, entre otras medidas, se pudo aplacar una enfermedad que se expandió de forma virulenta y tuvo varios brotes a lo largo de toda la Edad Media e incluso pasado este periodo como hemos dicho anteriormente.

En la actualidad la enfermedad está reducida a zonas geográficas muy concretas. El actual tratamiento cuenta con bases de antibióticos, pues la OMS no recomienda vacunación al respecto.

Fuentes: NationalGeographic // Blogthinkbig// EFE // Wikiwand

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