¿Qué es el temible estado islámico ‘EI’?…

Aprovechando el debilitamiento estatal sirio e iraquí y el consiguiente abandono de su población, en su mayoría suní, en las regiones del norte de Iraq y noroeste de Siria, el inicialmente autoproclamado EIIL (Estado Islámico de Iraq y del Levante) hoy EI (Estado Islámico), continúa su progresión.

¿Cómo ha sido posible un avance tan rápido y cómo se explica que las fuerzas iraquíes y sirias no hayan logrado poner atajo a la nueva organización, que ha sido descrita por las potencias mundiales como una “banda de desalmados y asesinos terroristas”? El empleo de esta caracterización de orden moral dificulta la comprensión de lo que está ocurriendo en esa amplia zona del Medio Oriente. El conflicto implica a territorios de aproximadamente seis millones de km² y de manera directa o indirecta involucra a 268 millones de personas. La región alberga cuantiosas reservas de petróleo y si agregamos antecedentes de índole étnico o religioso y los intereses de las grandes potencias, tendremos un bosquejo del polvorín del planeta -en el Cercano y Medio Oriente-.

Imagen del videojuego de Estado Islámico

Los antecedentes del EI hay que buscarlos en el Iraq invadido, saqueado y ocupado por las tropas estadounidenses desde 2003. Su fecha de fundación es 2006, cuando un grupo de combatientes de diversas organizaciones ligadas a Al-Qaeda en Iraq decidieron formar un consejo de muyaidines (combatientes) que luchaba contra la ocupación norteamericana y sus tropelías. En octubre de ese año fue proclamado el Estado Islámico de Iraq (EII) que manifestó representar al verdadero Iraq, y desde 2013, al calor del conflicto que se desarrolla en ese país, a Siria. Ese mismo año EII se separó de Al Qaeda. En junio pasado, Abú Bakr al Baghdadí se proclamó califa del EI, con el nombre de “Ibrahim”, en los territorios sirios e iraquís que controla la organización.

Retorno a los origenes

EI es un movimiento suní de inspiración salafista, la corriente musulmana que propugna el “retorno a los orígenes”. En la jerga islamista designa a los “ancestros” y hace referencia al círculo íntimo del profeta Mahoma. Los salafistas realizan una lectura literal del Corán y varios predicadores islámicos pertenecientes a esa corriente han ejercido una gran influencia hasta nuestros días. Sin lugar a dudas entre ellos sobresale Mohamed Ben Adbelwahab (siglo XVIII), quien estableció una estrecha alianza con Mohamed Ben Saud (1740-1765), fundador de la dinastía Saud, calificada de wahhabita, que dirige Arabia Saudita hasta nuestros días.

Desde los años 1980 y con la guerra de Afganistán se desarrolló la corriente salafista yihadista, que propugna la lucha armada contra los “infieles que osan mancillar la tierra islámica”, pero también contra los Estados musulmanes “impíos”. Pretende imponer regímenes islamistas por la fuerza. Los yihadistas consideran que muchos grupos y/o Estados musulmanes se dedican demasiado a la predicación y a las acciones caritativas en detrimento del deber de cada musulmán de enarbolar las banderas del yihad (guerra santa) a lo largo y ancho del mundo.

El EI es particularmente hostil a los chiíes y su objetivo declarado sigue siendo el restablecimiento de la organización unificadora político-religiosa UMA (comunidad musulmana) como el califato abasí. Algunos observadores hablan de takfiristas para referirse a una corriente más radical que tendría también influencia en el EI.

El marco donde se lleva a cabo este conflicto agrega otro aspecto. Y es que cada uno de los Estados de la región que están implicados directa o indirectamente, tienen sus propios intereses nacionales, que a veces se contraponen o no empalman con las diferencias étnico-religiosas.

Apoyo en las sombras

Los combatientes del EI recibieron en un inicio apoyo político, económico y militar, pertrechos y transporte de Turquía y Arabia Saudita. Otros países islámicos, como Qatar, Emiratos y Kuwait, han contribuido económicamente, para luego -debido a la contradicción patente entre el discurso antiterrorista occidental y el accionar de los mercenarios en la región- seguir operando bajo cuerda.

Con la invasión a Iraq en 2003, EE.UU. puso en marcha el plan de remodelación del Cercano y Medio Oriente tendiente a garantizar su control sobre el petróleo, y a la vez, procedió a aplicar un proyecto soñado por Tel Aviv: la división étnico-religiosa de los países considerados como “irreductibles” y que representaban una amenaza para los intereses norteamericano-sionistas (Irán, Iraq y Siria).

Contra el primero ya se había empleado a Iraq como punta de lanza, incitando a Bagdad a atacar a Irán y acabar con el naciente poder islámico instaurado por la revolución del ayatola Khomeini en 1979.

La guerra entre dichos países duró ocho años (1980-1988) causando cerca de un millón de muertos. Pero luego Iraq fue acusado por los mismos que lo habían incitado en la desastrosa aventura iraní, de desarrollar armas de destrucción masiva. Fue invadido, destruido, saqueado y su territorio descuartizado por las tropas estadounidenses con beneplácito de Israel, que veía cumplido uno de sus anhelos: destruir la amenaza que representaba un país laico que formaba parte de los Estados intransigentes, intratable en lo relativo a la cuestión palestina.

Ese plan también previó el derrocamiento de regímenes de países petroleros que como Libia exhibían a veces una enojosa independencia. Y en el entusiasmo creado por la “primavera árabe”, manipulada por EE.UU. y la UE, vendría después el turno de Siria, invadida por decenas de miles de mercenarios yihadistas que han tratado de someter ese país a sangre y fuego. En esta última parte de la trágica historia contemporánea de la región, EE.UU. ha contado, aparte de sus aliados regionales (Arabia Saudita, Qatar, Turquía y bajo cuerda Israel), con el apoyo de la UE y particularmente con Gran Bretaña y la Francia del socialdemócrata Hollande, quien se ha destacado en su apoyo político, económico y militar a la agresión contra Siria.

Sin embargo, Siria no sólo resistió con éxito a la agresión y a las provocaciones franco-turco-israelíes que quisieron endosarle un supuesto ataque con armas químicas en 2013, sino que ha logrado revertir una situación política y militar en un primer momento desfavorable. Para ello ha contado con el apoyo político, diplomático, económico y militar de Rusia, que ha vuelto a jugar un papel de primer plano en la región.

Una fuerza de treinta mil hombres

Surgió entonces de manera aparentemente intempestiva una fuerza debidamente armada (treinta mil hombres en armas dicen fuentes cercanas a los servicios estadounidenses) que incursionó desde el noroeste de Iraq y en pocas semanas batió al ejército kurdo-iraquí que se desbandó. El EI se apoderó de un tercio de la zona autónoma kurda, instalando su capital en Mosul, amenazando la ciudad de Erbil, ambas en el corazón de la zona petrolera. También se hizo fuerte en el este y norte de Siria, en regiones donde el Estado central y sus fuerzas se encontraban ya debilitados como consecuencia de la guerra impuesta desde 2012 por miles de mercenarios yihadistas y que estaban de hecho en manos de los pechmergas kurdos ligados al PKK y al PYD.

Ante esta embestida, tanto EE.UU. como sus secuaces europeos y de la región tienen dificultades manifiestas para entenderse, puesto que cada cual persigue objetivos que difieren, cuando no se contraponen. Es así como Francia, Turquía e Israel, que quisieron forzarle la mano a Washington en 2013 y obligarlo a bombardear Siria, no parecen seguir la misma música que EE.UU.

Por su parte, Turquía teme sobre todo que los kurdos y sus expresiones políticas y militares, el PKK en Turquía y el PYD kurdo en Siria, salgan reforzados de este conflicto. En realidad los kurdos suníes con una población de 35 millones, tienen una presencia real en Iraq, Turquía, Siria e Irán y ya existe el precedente de una república kurda en 1946, amén de la existencia de las zonas autónomas kurdas en el norte de Iraq.

Dos de sus principales dirigentes, Massud Barzani y Jalal Talabani, han coqueteado desde hace décadas con EE.UU. y el primero, con Israel. La presidencia honoraria de Iraq le fue atribuida a Talabani, que la ha ejercido durante dos periodos. Los kurdos sirios, a pesar de los insistentes llamados y amenazas de Ankara y Tel Aviv, han rehusado empuñar las armas contra Damasco. Mayoritariamente combaten a los mercenarios yihadistas de Al Nosra y a las fuerzas del EI en la emblemática ciudad fronteriza de Kobané. Ayudados por los bombardeos aéreos norteamericanos contra posiciones del EI, también reciben pertrechos militares por vía aérea provocando la irritación de Ankara. Pero las diferencias entre Washington y Ankara tienen sus límites, tanto el uno como el otro se necesitan en esta partida de póker internacional, puesto que Turquía es una pieza importante en el dispositivo militar de la OTAN.

El Kurdistán histórico cubre alrededor de 520.000 km², en cuatro Estados nacionales y vecinos: Turquía, Siria, Iraq e Irán. Desde 1991, debido a la invasión estadounidense (que al final de la guerra impuso una zona de exclusión aérea desde el paralelo 36), el Kurdistán iraquí ha gozado de una independencia de facto y ha instaurado un gobierno regional kurdo (presidido por Massud Barzani) que ha llegado a ser el interlocutor ineludible de los occidentales en la reconstrucción de las instituciones iraquíes. La elección de Jalal Talabani como presidente de Iraq es en ese sentido decidora.

Manipulacion de Washington

Ahora bien, uno de los resultados no previstos por Washington luego de la invasión fue la influencia decisiva que han adquirido los chiís iraquís en Irán. Eso no estaba completamente previsto y es uno de los elementos de discordia entre EE.UU., algunos países europeos e Israel, que no tienen exactamente los mismos puntos de vista con respecto al programa de energía nuclear llevado adelante por Teherán. EE.UU. ha mantenido su preferencia por los dirigentes kurdos Barzani y Talabani (suníes) y los ha situado a la cabeza de la región autónoma kurda, debiendo contar con el descontento de la opinión chií iraquí, mayoritaria, y de los iraquís árabes (suníes) que consideran que los kurdos se llevan la parte del león.

Es el papel de Tel Aviv en este complicado embrollo el que explica las posiciones y a veces las volteretas de EE.UU., la UE y algunos países de la región. Israel ve con buenos ojos la fragilización de Siria, la división de Iraq y la puesta en cuarentena de Irán. Pero en la prosecución de sus intereses nacionales, Tel Aviv contraría a veces los planes de Washington, a pesar que sigue siendo su portaviones en la región. Sin embargo, desde hace algunos años, cuando algunas voces se elevaron en el Departamento de Estado para denunciar que los intereses de los simbióticos aliados no eran siempre idénticos, y que debería existir una recepción más acogedora a los reproches del mundo árabe y musulmán que acusan de incondicionalidad a EE.UU. y la UE ante Israel, dirigentes sionistas comenzaron a otear nuevos aires en el horizonte.

Israel ha efectuado bombardeos contra objetivos militares en territorio sirio y colabora con los mercenarios yihadistas en la frontera con Siria, proveyéndolos de aparatos militares sofisticados de inteligencia, municiones y ayuda médica. Por eso se explica el acercamiento de Tel Aviv con ciertos países suníes que apoyan al EI y a los mercenarios que agreden a Siria. Es lo que un dirigente gubernamental israelí llama “la diplomacia del champiñón, que se desarrolla en las sombras”, haciendo alusión al “nuevo horizonte diplomático” anunciado por Netanyahu, que se traduce por tentativas de acercamiento no sólo con Egipto y Jordania, sino también con Arabia Saudita y los países del Golfo.

El Oriente complicado vuelve siempre por sus fueros. Estados nacionales, intereses de las grandes potencias, riquezas petrolíferas, alianzas y cambio de alianzas, divisiones étnicas y permanente inestabilidad. Ese Oriente donde el hecho religioso a veces suplanta o se superpone a los secularizados conceptos occidentales de nación, revolución, progreso, clase o emancipación.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=192074

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