¿Chernóbil español? El día que Cataluña estuvo casi al borde de una catástrofe nuclear

Construida entre los años 1968 y 1972 en base a una tecnología nuclear de primera generación del tipo grafito gas y explotada por la compañía hispano Hifrensa, la central de Vandellòs I era una de las dos plantas atómicas que alojaba el municipio de Vandellòs y L’Hospitalet de l’Infant la noche del 19 de octubre de 1989 cuando, a las 21:39 horas, se inició un fuego en el área no nuclear de las instalaciones. Concretamente, en el edificio de las turbinas. Un incendio que significaría el epílogo de esta planta puesta en marcha a principios de los setenta..

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El fuego lo provocó una rotura en las tuberías de engrase y en muy poco tiempo se produjo un vertido de aceite de tamaño considerable. Los sistemas de la central comenzaron a fallar, uno tras otro, debido a que la parte baja del edificio de turbinas había quedado inundada por fugas en los circuitos de la instalación y por el agua que los bomberos estaban usando para apagar el fuego.

Los sistemas de la central que más sufrieron fueron los eléctricos. A ellos se sumaron los sistemas de control de la seguridad de la instalación, que comenzaron a no responder correctamente. Se temía que el incendio dañase el reactor, lo que hubiese tenido consecuencias catastróficas.

En la extinción del incendio participaron los bomberos de Tarragona, Reus, Barcelona y Vandellós. Los de Barcelona acudieron para llevar más espuma y apagar el humo. Las autoridades, por su parte, destacaron que la situación estaba controlada, y agregaron que el equipo técnico de la central había actuado con rapidez. Mientras la central estaba en llamas, los habitantes de las localidades cercanas —entre ellos, periodistas locales— empezaron a ponerse al corriente de la situación.

La noche más larga

Con el fuego y sus consecuencias, comenzaba la noche más larga de Vandellòs: horas de desconcierto, peligro e incertidumbre. Una noche en que, según expuso al juicio celebrado en el año 2000 el entonces gobernador civil y responsable de activar el PENTA, Ramón Sánchez, no pudo contrastar de manera fidedigna el alcance real del incidente hasta pasadas las 4 de la madrugada. Aunque el accidente comenzó en el área de producción de energía eléctrica, el peligro se situó en la afectación a los diferentes sistemas de refrigeración del reactor. Dos de estos cuatro sistemas fallaron aunque, finalmente, fueron suficientes para mantener buenas condiciones para el reactor.

El peligro se encontró, según Ecologistas en Acción, en que se habría podido producir la fusión del núcleo si los sistemas de refrigeración útiles hubieran sido insuficientes. Técnicamente, el accidente se calificó en el nivel 3 de la escala INES, valor que lo sitúa como el accidente nuclear más importante de la historia de España a pesar de que tanto el actual director de Vandellòs I, Carlos Pérez Estévez, como el Foro de la Industria Nuclear Española le restan peligrosidad al no tener “ninguna consecuencia en términos de emisiones radiactivas” en el entorno.

El medio digital Sputnik habló con dos periodistas que trabajaron en primera línea para conocer cómo se desarrollaron los acontecimientos de aquella jornada. Cinta Bellmunt era en aquella época una periodista del diario catalán Avui. A las 23:00 del 19 de octubre de 1989 recibió la llamada en su domicilio de un fotoperiodista que le informó sobre un problema grave en la central nuclear. Se reunió con él y juntos fueron en automóvil al lugar del incidente. “Íbamos muy preocupados porque hacíamos todo lo contrario de lo que hacía la gente: cuando hay un problema de estos, piden que la gente no salga a las calles, que te confines. Y nosotros íbamos directamente a donde quizás había algo grave”.

El camino se hizo largo. Bellmunt recordó que, durante el recorrido, los adelantaron a gran velocidad vehículos de las fuerzas de seguridad y de la Policía. “Había un movimiento muy raro”, recuerda. La periodista logró llegar hasta el punto de acceso a la central, donde permaneció varias horas a la espera de que llegasen las autoridades.

Xavier Samarra en aquella época trabajaba de redactor de noticias en el medio local Diari de Tarragona. Estaba en su casa cuando recibió una llamada del director de la emisora local de radio. Le comentó que en la central nuclear, ubicada a tres kilómetros de la localidad de l’Hospitalet de l’Infant, se estaba divisando un humo muy intenso.
El director de la emisora propuso a Samarra ir a la central nuclear para hacer un reportaje. Luego, juntos se dirigieron a ella. Pasaron el primer cordón de seguridad de la instalación sin que nadie los detuviese. Relata Samarra que incluso lograron atravesar el segundo control sin ningún problema.

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Situación fantasmagórica

Bellmunt explica que, al llegar a la central, vieron cómo de las instalaciones del reactor “salía vapor por muchas partes”. Añade que, en ese punto, ella y su compañero oyeron un sonido parecido al de unas vibraciones. Al ver la central, Bellmunt sintió “que algo se te estaba escapando de las manos”. Visualmente, prosigue, la situación parecía fantasmagórica. “Había un caos. Era un paisaje muy lamentable, muy futurista y que impresionaba. Los controles habituales no les dejaban entrar. Había una calma tensa, todo el mundo en el fondo tenía miedo. Es la primera vez que esto pasaba, por eso la gente tenía tanto miedo”, recordó Bellmunt.

Samarra y su compañero también vieron humo y sintieron olor a quemado. Continuaron hacia el interior de las instalaciones y fue allí donde les impidieron el paso. Les comentaron que en breve el alcalde iba a informar de lo ocurrido. Cuando lo hizo, lo primero que dijo fue que se habían quemado unos depósitos de combustible y que estaba todo controlado. “En aquellas horas había muchas deficiencias: no funcionaba ni la megafonía ni la comunicación vía radio, y el fax estaba estropeado. No se había hecho ningún simulacro, así que la gente no sabía qué hacer”, explicó Samarra.

Consecuencias amargas

Los bomberos estaban sofocando el incendio del edificio de turbinas, a donde no tenían acceso los periodistas. El momento, recuerda, era crítico, y “nadie decía nada”. Estuvieron horas sin recibir información alguna y sin que nadie los atendiera o les explicase lo que iba a pasar, relató Bellmunt. “Pero el humo no se extinguió totalmente hasta las 4:30. El vapor de las válvulas de seguridad continuó saliendo dos días más. La razón fue un cortocircuito en un alternador, que es donde se produce la energía que sale al exterior de la central”, recordó.

En los días siguientes hubo muchas denuncias por parte de la población por falta de información. Veían humo, oían ruido, pero nadie les estaba explicando con detalles lo que estaba sucediendo en la central, relató.

Samarra, a su vez, recordó que al día siguiente del incendio mucha gente no sabía nada porque muchos habían estado durmiendo cuando el incidente se había producido.
Los vecinos de la localidad de Vandellós estaban preocupados porque muchos de ellos estaban “atados directamente al trabajo de Vandellós I”, recordó Samarra. “Había preocupación por lo que pudiese suceder, ya que empezaron a salir noticias que no eran nada tranquilizadoras precisamente para quienes veían a la central nuclear como un lugar de trabajo”, comentó.

Movilización ciudadana

Como sucede a menudo ante un hecho extraordinario, las semanas y meses siguientes al accidente destacaron por el alto grado de movilización ciudadana que conllevó, incluso, que ayuntamientos como L’Ametlla de Mar, Pratdip, Montroig y Tivissa pidieran el cierre de las dos centrales situadas en Vandellòs. En parte por el clamor popular y, sobre todo, por las estrictas condiciones impuestas por el Gobierno al reestablecimiento del funcionamiento de la planta, Hifrensa descartó el regreso a la producción de energía, lo que abocó al cierre de Vandellòs I.

Después del incendio se inició el desmantelamiento parcial de las instalaciones. El incidente las había dañado considerablemente, aunque se evitó cualquier emisión radioactiva.

A pesar de la dificultad del momento, los operadores lograron llevar la central a una situación de parada. Además, quienes intervinieron en las labores de emergencia no sufrieron daños ni lesiones. Actualmente, la central nuclear Vandellós I se encuentra en estado de latencia y se espera que sea desmantelada en 2028. Asimismo, se está planteando el cierre de la central Vandellós II.

Fuentes: ElDiario // Sputnik

 

 

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