¿Cuál será el futuro de los Derechos Humanos cuando los robots convivan con nosotros?

El pasado 10 de diciembre se cumplieron 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas, el aniversario llega en un momento en el que las personas a las que se aplican empiezan a convivir con unos seres llenos de cables y metal que realizan sus tareas: los robots..

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Sean androides o coches autónomos, algunas de estas máquinas tienen sentimientos y formas de actuar muy parecidas a las nuestras. Y no solo eso: tecnologías como las interfaces cerebro-ordenador y la criogenización también implican ciertas preocupaciones. El debate está servido en el Día de los Derechos Humanos: ¿cuál será su porvenir?

Nuevos derechos humanos para proteger el cerebro

Facebook está preparando una especie de interfaz cerebro-ordenador con la que no haría falta que escribiéramos nuestros pensamientos: la máquina se ‘colaría’ en ellos para transcribirlos. Así, la empresa tendría acceso a lo más recóndito de nuestra mente, si nosotros le diéramos permiso. La pregunta es si, en caso de que la máquina se exceda en sus propósitos, estaríamos amparados por el artículo 12 de la Declaración, que dice que “nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques”.

Y no solo está Facebook. Los avances en electrodos que estimulen los cerebros dañados de pacientes hospitalarios también preocupan, por su influencia en la identidad de las personas. Asimismo, los videojuegos que se olvidarían de los mandos y se manejarían con la mente. En 2011, unos investigadores de la Universidad de Berkeley fueron capaces de reconstruir fragmentos de películas que habían visto unos sujetos gracias a unos escáneres cerebrales.

De este modo, a partir de ahora, los derechos humanos tendrían que proteger nuestros pensamientos e información cerebral. Los investigadores Marcello Ienca, de la Universidad de Basilea, y Roberto Andorno, de la Universidad de Zúrich, han sugerido cuatro nuevos derechos humanos para proteger el cerebro y la privacidad humana. Los han enunciado como libertad cognitiva (la decisión de una persona para usar o dejar de usar la estimulación cerebral), privacidad mental (que alguien lea nuestra mente sin nuestro consentimiento), integridad mental (para que los ciberdelincuentes no nos ataquen con implantes) y continuidad psicológica (algo que nos permita sentir que somos la misma persona durante toda nuestra vida).

Los derechos humanos frente a los coches autónomos

Mientras estas máquinas están en proceso, hay otras que poco a poco ya están aquí. Hablamos de los coches autónomos. Se están probando en múltiples circuitos y, por desgracia, ya han provocado algunos accidentescon presencia humana incluida. Cuando en el futuro estén asentados y alguien fallezca por un error en su tecnología, ¿a quién llevaremos a un “juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa”, como dice el artículo 11? ¿A los ingenieros responsables, a las personas que haya dentro del coche? ¿O las máquinas tendrán la inteligencia suficiente como para responder ante un juez? Otros interrogantes que se quedan abiertos.

La ética de la criogenización

Además de los robots y de los coches autónomos, también se pone en entredicho nuestro cuerpo con relación a la tecnología. En 2016, una mujer británica, madre de una niña de 14 años con cáncer, pidió el derecho humano a criogenizar el cuerpo de la pequeña tras su muerte. Algo que, desde luego, no se contemplaba hace unas décadas. La niña pensaba que en el futuro podían despertarla y curarla, la madre también, pero el padre no.

Un tribunal concedió que la madre tuviera derechos sobre el cuerpo tras la muerte. Para ello se basó en otro texto, el de la Convención Europea de Derechos Humanos. En su artículo 8 se habla del respeto a la vida familiar y la no injerencia de las autoridades en ello, y fue el que el juez usó para hablar del derecho de la madre a decidir sobre el cuerpo de la hija. La duda estaba servida: ¿el deseo de permanecer congelados se extingue cuando morimos, si los padres tienen otra idea? El derecho de nuestros cuerpos cuando fallecemos, ¿pasa a los familiares?

Los nuevos modelos de trabajo y el artículo 23

Si el trabajo preocupa, con los nuevos modelos tecnológicos y económicos lo hará más. El artículo 23 de la Declaración dice en su punto 1 que “toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo”. Y en su punto 3, que tiene derecho a «una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social».

Muchas personas están preocupadas por que sus trabajos desaparezcan con el desarrollo de la inteligencia artificial (aunque también hay quien dice que aparecerán otros nuevos). Los académicos ya han advertido que, si el Estado no distribuye equitativamente la riqueza que genera la inteligencia artificial, podemos tener grandes problemas sociales. El artículo 23 pide “la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales”, esenciales para el desarrollo de la dignidad y el libre desarrollo de la personalidad. Los ingresos que generen los robots deberían servir para ello.

Parece que los convenios internacionales o la Declaración de Derechos Humanos no pueden verse como documentos sagrados. Habrá que reevaluarlos en el futuro, conforme nuevas tecnologías vayan surgiendo o se asienten. Lo que está claro es que las máquinas nos obligan a repensar ese documento tan importante que la ONU nos legó en 1948. Lo que estamos creando hoy choca con nuestros mismísimos derechos humanos.

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