El horror oculto del lago Nyos, ¿qué ocurrió aquella noche?

La emanación de una gran nube de gas tóxico fue provocada por el agua del lago al saturarse de dióxido de carbono que se filtró de los manantiales subterráneos. Se cree que el gas se desprendió del fondo debido a un derrumbe o un sismo. Desde 1990, un equipo de científicos franceses ha trabajado para desgasificar el lago, y se ha instalado una serie de tuberías a fin de prevenir las formaciones de dióxido de carbono..

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Por Carlos Prieto

Sucedió de pronto, fue demoledor y aún no tiene explicación. Más de 30 años después, lo único 100% fiable a lo que podemos agarrarnos es a las cifras frías: 1.746 personas, 3.952 vacas, 3.404 gallinas, 552 cabras, 337 ovejas, 82 perros, 7 caballos y 2 burros. Este es el número oficial de muertos de la catástrofe del lago Nyos, en un valle remoto del oeste de Camerún, que el 21 de agosto de 1986 se tiñó de rojo, expulsó algo a su exterior y acabó con cualquier forma de vida. El lago se tranquilizó a los pocos minutos, y así hasta hoy. Calma chicha, enigma gigantesco.

Un misionero holandés pasó por los alrededores del Nyos horas después del ‘lagocidio’: “El padre pudo ver cadáveres de hombres, mujeres y niños, ‘tumbados ante sus chozas, en pleno camino de tierra o en la cama’. También vio gallinas, cabras y serpientes muertas. Pájaros caídos del cielo. Termiteros sin vida. Curiosamente, las viviendas, los puestos del mercado y los árboles seguían intactos. En palabras del padre Ten Horn: ‘Era como si hubiera estallado una bomba de neutrones, sembrando la muerte sin causar destrozos'”.

La BBC y Reuters lo describieron así en caliente: “Según parece, la mayoría de las víctimas murieron mientras dormían. No hay indicios de que las viviendas y los cultivos hayan sufrido daños… En la noche del 21 de agosto se escuchó una explosión en un vasto perímetro alrededor del lugar del desastre. Testigos oculares relatan cómo el agua transparente del vecino lago Nyos se tiñó de rojo después de que las súbitas rachas de viento causaran unas olas enormes”. Uno de los primeros científicos estadounidenses en llegar al lugar dijo a ‘Time’ que estábamos ante el “desastre más extraño” del siglo XX.

Las teorías más extendidas sobre lo sucedido en Nyos son, por el lado científico, la emisión letal de gases o el terremoto; y por el lado de las conspiraciones, el ensayo militar con bomba perpetrado por Israel, por EEUU o por los poderes fácticos de Camerún (o quizá por todos ellos a la vez).

El rey del ensayo

De buscar las cosquillas a todas estas explicaciones se ocupa el periodista holandés Frank Westerman en ‘El valle asesino’. No estamos ante un libro cualquiera, tampoco ante un autor cualquiera, sino ante un pequeño acontecimiento editorial: Frank Westerman (Holanda, 1964) es un gigante mundial del ensayo, con obras maestras como ‘Ingenieros del alma’ y ‘El negro y yo’, a las que hay que sumar ahora ‘El valle asesino’ (Siruela, 2017). Todos los puntos fuertes de Westerman -su mezcla de periodismo e investigación cultural de altos vuelos, su empatía y su habilidad para estar al mismo tiempo cerca (primera persona) y lejos de sus objetos de estudio (la distancia justa para desmenuzar la realidad)- vuelven a estar aquí reunidos con armonía.

Y eso que la tarea que se impuso esta vez Westerman era titánica: nada menos que responder a la pregunta ¿de dónde vienen los mitos? tomando como base el enigma Nyos.

“Aquel marco se ajustaba hasta tal punto a mis pesquisas sobre la eclosión y el florecimiento de los mitos que casi resultaba escalofriante. Podemos imaginarlo. El 21 de agosto de 1986, con luna nueva, se escucha en el valle de Nyos -un área bien definida y bien delimitada de la superficie terrestre- una explosión entre las nueve y las diez de la noche. Esa es mi hora cero, el Bing Bang que da comienzo a todo. Al amanecer reina el mayor de los silencios; hasta los grillos han dejado de cantar. Del fondo del valle no llega una sola señal de vida. Pasado un tiempo vuelven a oírse voces humanas; en los días, meses y años siguientes, el valle de los muertos es objeto de conversaciones, lamentos, debates, especulaciones y fantasías… Desenterrando uno a uno los hilos de este ovillo, espero descubrir cómo las palabras han revestido los hechos tejiendo frases, metáforas y relatos. Puede que un cuarto de siglo sea poco tiempo; es más, dudo que en 25 años la ‘leyenda del valle asesino’ haya conocido un desarrollo completo y definitivo. Sin embargo, sí creo poder registrar la germinación de nuevos hilos narrativos de dimensiones míticas”, escribe Westerman al arranque.

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Con la ciencia hemos topado

Las explicaciones a la catástrofe, como decíamos, basculan entre lo científico y las habladurías. Huelga decir que suena más razonable hacer caso a los científicos que a los chismes pero, ¡ay!, puede que Nyos sea uno de los mayores fracasos de la ciencia en las últimas décadas, y no solo por no haber proporcionado una explicación definitiva a lo sucedido, sino por algo probablemente peor: una de las principales lecciones del caso Nyos es que detrás del discurso científico se esconden a veces debilidades humanas que tienen mucho de arbitrarias y poco de empíricas.

Los intentos de los científicos por solucionar el misterio se convirtieron pronto en una batalla de egos entre galácticos internacionales de la vulcanología. Todos querían llegar el primero y todos querían que sus teorías prevalecieran sobre las de los demás, aunque eso supusiera jugar sucio…

Lo que viene a decirnos Westerman es que es muy idílico pensar en un mundo en el que la ciencia pasa su rodillo objetivo sobre la realidad, sin que el sucio contexto social la contamine, pero lo que refleja el lago Nyos es que la vanidad y los factores políticos, nacionales y geoestratégicos son a veces tan importantes como los análisis empíricos para conseguir que una teoría científica se imponga a las demás. Por la magistral primera parte de ‘El valle maldito’ pasan divos franceses de la vulcanología, revistas científicas de prestigio (las que están todos ustedes pensando) que se alinean en función de sus áreas nacionales de influencia y países que tratan de mantener sus redes sobre África bajo la fachada de la ayuda científica/humanitaria.

La leyenda se hace paso

Y de los agujeros del relato científico pasamos al agujero negro de las mitologías sobre el lago Nyos, que incluye chismes y teorías de la conspiración, pero también intentos de armar relatos coherentes sobre lo sucedido en clave de tradición oral; es decir, relatos acordes a las leyendas de una zona donde conviven tribus cuyo mundo no va más allá del lago con misioneros holandeses con una visión mística de la realidad.

Con todos ellos habló el ensayista para escribir su relato de lo sucedido el 21 de agosto de 1986. ‘El valle asesino’ es, por tanto, un relato compuesto por una acumulación de relatos fascinantes, esclarecedores y… fallidos. Y es que, como escribió Westerman en un post-it tras sumergirse en las profundidades del enigma del lago, “a menor número de hechos, mayor el relato”.

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Que la realidad es un asunto complejo y resbaladizo se ve bien en los pequeños detalles. Lo cuenta Westerman en el libro bajo el epígrafe ¿Qué es un hecho? “Con anterioridad al 21 de agosto de 1986, el lago Nyos no existía. El nombre vio la luz después del fatídico día. Sucedió sin más: por ignorancia o comodidad (¿pereza?) , los medios de comunicación tanto nacionales como internacionales empezaron a llamar ‘lago Nyos’ al lago colorado situado por encima del valle homónimo. Y todos siguieron su ejemplo, yo entre ellos. Por lo visto, el impacto de la catástrofe no solo había acabado con buena parte de la población de Nyos, sino también con el nombre del lago. Después de aquel 21 de agosto, el lago más grande del reino ‘fon’ de Nyos había pasado a denominarse simplemente el lago Nyos, incluso en Google Maps. Sin embargo, los difuntos lo llamaban el lago Lwi”.

Este tipo de explosión es lo que se denomina una erupción límnica (también llamada “fenómeno del lago explosivo”), un extraño desastre natural, en el cual el dióxido de carbono erupciona súbitamente de las profundidades de un lago volcánico, asfixiando a la fauna, al ganado y a los seres humanos. Tal erupción también puede originar tsunamis en el lago en la medida que el CO2 asciende a la superficie desplazando agua.

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