El Hindenburg, ¿accidente o sabotaje?

El sueño era tener una flota de aeronaves llenas de hidrógeno cruzando el orbe en todas direcciones, con los cascos plateados refulgiendo al Sol. Y por un tiempo la fantasía se volvió realidad. El Hindenburg era capaz de cruzar el Atlántico en  tres días, dos veces más rápido que por mar. Pero cuando el Titanic de los cielos se preparaba a descender en Lakehurst, Nueva Jersey, el 6 de mayo de 1937, la era del vuelo en dirigible llegó a su fin. Frente a horrorizados espectadores, el Hindenburg estalló y cayó al suelo envuelto en llamas. Perecieron 35 de sus ocupantes…

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El 6 de mayo se cumplieron 80 años de la catástrofe del dirigible Hindenburg, que se convirtió en el primer gran accidente aéreo que se transmitió en directo a todo el mundo. Pero, pese al tiempo transcurrido, las causas del siniestro nunca se han aclarado por completo.

El LZ 129 Hindenburg fue la mayor aeronave jamás construida. Su longitud era de 245 metros, aunque solo tenía capacidad para transportar a 70 pasajeros en camarotes y estancias de lujo más los 61 miembros que conformaban la tripulación. El dirigible realizó su primer vuelo en 1935, y se convirtió rápidamente en el símbolo del poderío nazi. El régimen de Hitler alardeaba constantemente de su gran aeronave, y la utilizaba en vuelos con clara finalidad propagandística, como el que realizó en 1936 transportando al púgil alemán Max Schmeling, que acaba de convertirse en nuevo campeón del mundo.

El 3 de mayo de 1937, bajo el mando del capitán Max Pruss, el zeppelín había partido de Frankfurt, Alemania. Este viaje fue el primero de la temporada 1937 para el servicio de pasajeros entre Europa y los Estados Unidos y no fue tan popular como la temporada de 1936. En 1936, el Hindenburg había completado con éxito diez viajes (1.002 pasajeros), rechazando clientes. En el presente viaje, el primero de la temporada 1937, el Hindenburg sólo llevaba 36 pasajeros, la mitad de su capacidad. Sesenta y un tripulantes garantizaban que la lujosa experiencia valiera la pequeña fortuna abonada por el boleto.

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La catástrofe

La realidad es que el dirigible era una bomba en potencia. La idea inicial era que el Hindenburg funcionase con helio, pero un embargo del ejército de Estados Unidos, quien iba a ser su proveedor, obligó a utilizar hidrógeno, un gas mucho más inflamable y, por lo tanto, más peligroso.

Finalmente, el 6 de mayo de 1937, tras haber atravesado el Atlánticoen tres días, el dirigible escribió el último capítulo de su historia. El Hinderburg se acercó a la base de amarre en la estación aeronaval de Lakehurst con un retraso de doce horas. Tras esperar varias horas a que el tiempo tormentoso le permitiera realizar las maniobras de atraque, a las 7 de la tarde inició su aterrizaje, cuando inesperadamente, alguien vio chispas que brotaban de la parte trasera del dirigible que se extendieron por la estructura del Hindenburg convirtiéndose en cuarenta segundo en una auténtica bola de fuego.

Los pasajeros y los tripulantes se arrojaron al vacío desde una altura de quince metros mientras las llamas caían sobre ellos. Se convirtió en un infierno, murieron 31 pasajeros y 22 tripulantes. El resto de pasajeros sobrevivió debido a la rotura de los depósitos de agua de la nave, la cual cayó sobre ellos, apagando las llamas.

En el momento del accidente, se encontraban presentes las cámaras de diversos noticiarios, lo que permitió inmortalizar la tragedia. Además, el desastre fue retransmitido en director a través de la radio por el locutor Howard Morris. Suya es la mítica frase que pronunció en aquellos instantes: “¡Oh, la humanidad”. Generalmente ha sido interpretada como una reflexión acerca de la arrogancia de nuestra especie, aunque parece ser que en realidad con el término “humanidad” se estaba refiriendo a la multitud que se había congregado allí para ver la llegada del dirigible.

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Las investigaciones

Pero, ¿que causó realmente el accidente del Hindenburg? Lo cierto es que los técnicos que investigaron el suceso no fueron capaces de dar una explicación concluyente. Eso motivó que se especulase con la probabilidad de un atentado dirigido a minar la imagen del poderío nazi. Las teorías conspiratorias sostenían que la nave fue derribada por una bomba o por un disparo desde tierra.

Una simulación realizada en 2013 apuntó a que la causa más probable pudo ser una fuga de hidrógeno que, al entrar en contacto con la electricidad estática del exterior, provocó el chispazo fatal que desencadenó la tragedia. En aquel entonces un equipo de expertos afirmaba  haber resuelto uno de los mayores misterios del siglo XX: la verdadera causa de aquel desastre aéreo.

El equipo encabezado por el ingeniero aeronáutico británico Jem Stansfield y con sede en el Instituto de Investigación del Sureste, en EE.UU,  hizo estallar o incendió modelos a escala de más de 24 metros de largo, en un intento por descartar teorías que iban desde una bomba sembrada por un terrorista hasta las propiedades explosivas de la pintura usada para recubrir el dirigible. Las investigaciones realizadas después del desastre concluyeron que una chispa encendió hidrógeno que escapó, pero no pudieron ponerse de acuerdo en la causa de la chispa ni la de la fuga de hidrógeno.

Recreando diversos escenarios con réplicas en miniatura,  estudiando películas de archivo del desastre, junto con relatos de testigos, los expertos revelaron la secuencia de acontecimientos que pudo desencadenar la explosión. En un documental presentado por el Canal 4 británico mostraron que la nave se había cargado de electricidad estática por efecto de una tormenta eléctrica. Un cable roto o una válvula de gas que colgaba dejaron escapar hidrógeno hacia los conductos de ventilación y cuando la tripulación de tierra corrió a sujetar las cuerdas de aterrizaje, el fuego apareció en la cola y encendió el hidrógeno.

“Creo que el mecanismo más probable que produjo la chispa fue electrostático”, afirmó el ingeniero Stansfield. “Empezó en la punta, y luego las llamas, según nuestros experimentos, probablemente avanzaron hacia el centro. Con una mezcla explosiva de gas, eso produjo la explosión al llegar a la base.”

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Proyecto truncado

El Hindenburg, como todos los globos dirigibles, excepto el primero de todos, fue diseñado por Ludwing Durr. Aunque hayan pasado 80 años, las imágenes del Hindenburg en llamas siguen fascinando y aterrorizando a los aficionados a la aviación. Cabe la suposición de que, si las cuerdas hubiesen llegado a tiempo al suelo, la corriente eléctrica podría haber sido descargada a tierra y el Hindenburg podría haberse salvado, quien sabe si cambiando la historia de la aviación.

Alemania tenía mucha experiencia acumulada en aquellos momentos y los globos eran más seguros que los aviones para viajar a largas distancias. Los dirigibles eran enormes, caros, lentos y vulnerables si se los usaba con fines militares. El lujoso Hindenburg, un monstruo de 245 metros de longitud, era el dirigible más grande jamás construido junto a su gemelo el Graf Zeppelin II. Voló poco más de un año y su accidente envió al desguace a los dirigibles supervivientes. Fue el fin de la era de los grandes dinosaurios voladores.

En los noventa, se volvieron a construir varios dirigibles que se siguen usando hoy en día como soporte para publicidad y, en la actualidad, hay varios prototipos de dirigibles que podrían llegar a usarse para el transporte comercial dada la facilidad que tienen para alcanzar altitudes mayores y transportar cargas pesadas.

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