Ácido hialurónico: ¿nueva invención del marketing o remedio eficaz?

El ácido hialurónico es un elemento natural y común en muchos animales a lo largo de la cadena evolutiva -desde peces a aves o mamíferos- y que cumple diversas funciones de lubricación, relleno o mantenimiento de la elasticidad en algunas zonas del cuerpo gracias a sus propiedades físico- químicas. Por ejemplo, forma parte del líquido sinovial que lubrica las articulaciones en algunos mamíferos como las vacas, y también está presente en el de humanos, aunque no en tan alta proporción…

Fermentacion-bacteriana-acido-hialuronico

Por Jordi Sabaté

También está presente en nuestra piel entremezclado con el colágeno, que es la proteína matriz que mantiene nuestra dermis unida; el ácido hialurónico le confiere el aspecto terso que evita las arrugas. Otros ejemplos de su presencia son la cresta de los gallos y las gallinas -que se mantiene firme gracias a este compuesto-, los labios vaginales o la piel del escroto -tejidos a los que les ocurre lo mismo- o el humor vítreo de nuestros ojos, a los que ayuda a dar forma.

Una molécula muy peculiar

La razón de que tenga tantas aplicaciones en fisiología es que siendo una molécula relativamente sencilla -es un polisacárido del grupo de los glucosaminoglucanos- posee una gran viscosidad, gracias a su tamaño mediano y a que se rodea de cargas negativas que repelen a otras moléculas iguales, también cargadas negativamente.

De este modo, relativamente pocas moléculas de hialurónico pueden ocupar un gran volumen con una baja densidad y la viscosidad de un aceite, debido a que por repulsión eléctrica unas moléculas se deslizan sobre las otras cuando son presionadas, ya que no pueden acercarse más; esto les da el efecto lubricante que es tan útil en las articulaciones de los animales.

Por otro lado, la gran presencia de radicales -OH en la molécula de hialurónico le permite retener a su alrededor un porcentaje de agua de hasta miles de veces su peso, lo que le confiere un alto poder hidratante que explica su presencia en las crestas de ciertas aves, en el humor vítreo del ojo animal o en la piel de los mamíferos: al hincharse con el agua adquiere el volumen que confiere un aspecto terso y neumático a estas estructuras.

¿’Chicharro’ o hallazgo?

No es de extrañar, pues, que se hayan encontrado múltiples salidas comerciales para el ácido hialurónico: desde cremas hidratantes antiarrugas a reafirmantes de los labios vaginales, pasando por suplementos vitamínicos y dietéticos para deportistas, inyecciones de relleno contra las arrugas, en técnicas de cirugía estética no invasiva, o infiltraciones de sustitución del líquido sinovial en las articulaciones que presentan síntomas de artrosis. También para esta última enfermedad se vende en capsulas, mezclado con colágeno.

¿Estamos frente a una molécula milagro u otro gran ‘chicharro’ que nos han colado de nuevo los departamentos de marketing? Ni una cosa ni la otra o, más bien, hay de todo un poco en el negocio del ácido hialurónico:

  • 1. En el campo de las aplicaciones médicas, las infiltraciones de hialurónico en las cápsulas sinoviales -los cojinetes de las articulaciones- funcionan. Especialmente en rodillas, se utilizan estas inyecciones para aumentar la lubricación y la hidratación de la articulación y reducir el desgaste del cartílago y el dolor que esto provoca. Ahora bien, al ser un material biodegradable, su duración no es perenne y con el tiempo se deben realizar nuevas infiltraciones.
  • 2. Como complemento de ingesta oral en capsulas de colágeno e hialurónico para combatir la artrosis, son un chicharro total, porque ni el colágeno ni el ácido se asimilan por la vía oral, tal como deja claro la agencia europea de nutrición y seguridad alimentaria (EFSA). No son un producto malo, pero no pasa de ser una suplementación proteíca que puede estar bien para hacer crecer músculo en deportistas, pero que si no se aprovecha, acaba por ir a acumularse como grasa, como pasa con todos los excesos nutricionales.
  • 3. En su aplicación en inyecciones en cirugía estética mínimamente invasiva, parece que también tiene efectos positivos sobre la eliminación de las arrugas, aunque de modo temporal, ya que el injerto dura entre seis meses y un año y después hay que realizar inyecciones de mantenimiento. El ácido hialurónico actúa como cojín de relleno inmediatamente debajo de la dermis y confiere tersura a la zona, pudiendo moldearse una vez inyectado para dar la forma adecuada. Se utiliza para estos fines un ácido hialurónico biosintético, conseguido a partir de productos vegetales fermentados por bacterias. El fin de esta biosíntesis es evitar restos de proteína animal que pudieran provocar reacciones de rechazo autoinmune.
  • 4. Su formulación en cremas hidratantes y reafirmantes es otro ‘chicharro’ que nos cuelan, ya que salvo por sus grandes cualidades humectantes, es decir para acumular y retener agua, no está demostrado que el ácido hialurónico se asimile por la vía tópica, superando la epidermis. Entre otras cosas porque al ser una molécula de cadena larga, tiene difícil superar la capa externa de nuestra piel y llegar a la dermis, que es donde se colocan las inyecciones cuando se aplica por aquel método. Su efecto como crema, en todo caso, no tiene nada que ver con el conseguido mediante inyecciones.
  • 5. Finalmente, como crema de reafirmación de los labios vaginales tampoco se tienen evidencias científicas de su eficacia más allá de su efecto altamente hidratante, que por descontado ayuda a mantener la piel de estas zonas tersa, aunque no del mismo modo que podría hacerlo un relleno mediante inyección.

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El descubrimiento

Desde su descubrimiento en el año 1934 por dos farmacéuticos de la Universidad de Columbia su uso ha ido aumentando según ha ido pasando el tiempo, ocho años después se empezó su uso en pastelería, más adelante en la industria oftalmológica. En el año 1996 se empezó a usar en la industria cosmética, donde mayor consumo tiene en la actualidad. También se usa en mucho últimamente en el campo médico y terapéutico, sobretodo por la biotecnología y los avances en conseguir distintos derivados moleculares que aumentan sus funciones.

Sólo existen dos fuentes de obtención, la más común es la de origen animal y la otra es mediante un proceso de fermentación bacteriana del ácido úrico. La fuente de origen animal puede proceder de varias especies, las principales son:

  1. Cresta de los gallos.
  2. Aleta de tiburón.
  3. Humor vítreo y de articulaciones de vacas.
  4. Residuos del pescado.
  5. Cordón umbilical.
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