¿Está la Tierra en movimiento?.. el documental ‘El principio’ lo pone en duda

Un nuevo documental llamado El Principio, previsto para ser lanzado el 10 de octubre, podría revolucionar más de cuatro siglos de creencias establecidas en base al Principio de Copérnico, mediante la presentación de las impactantes nuevas pruebas científicas que sugieren que la Tierra tiene un lugar especial en el cosmos.

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La película ya causó un frenesí absoluto en los medios de comunicación, una campaña de desprestigio, y una tormenta de controversias entre los científicos, que furiosos defienden vehementemente su posición – e incluso antes de ver la evidencia. ¿Podríamos estar al borde de una nueva comprensión radical de nuestro universo y nuestro lugar en él? Rick Delano, escritor y productor de El Principio cree que sí.

Mientras que la mayoría hoy en día asume que las mentes brillantes de nuestros científicos, los programas de exploración espacial, y los telescopios de alta tecnología y equipos hace tiempo demostraron que la Tierra orbita alrededor del Sol, el Sr. Delano explica que no hay evidencia experimental que haya demostrado alguna vez que esto sea verdad.

Como historiador, Lincoln Barnett afirma en El Universo y el Dr. Einstein: “No podemos sentir nuestro movimiento a través del espacio, ni hay ningún experimento físico que haya demostrado que la Tierra en realidad está en movimiento”. Por lo tanto, el Sr. Delano establece que el Principio de Copérnico no es un hecho científico, sino más bien una hipótesis metafísica con el apoyo de ideas y teorías profundamente convincentes.

Su película, “El Principio”, es el primer documental para examinar directamente la base científica del principio copernicano; dice que el reunir a los mejores expertos científicos en un comentario nos dejará cuestionar nuestro mismo lugar en el cosmos.

Antigua creencia acerca de nuestro lugar en el cosmos

Durante miles de años hubo una visión geocéntrica prevaleciente del cosmos, creyendo que la Tierra es el centro del universo. Al mirar al cielo y ver el sol, la luna, los planetas y estrellas que se mueven alrededor de la Tierra a lo largo de trayectorias circulares día tras día, para la gente antigua parecía evidente que la Tierra estaba inmóvil y que el resto del universo se movía a su alrededor.

Esta perspectiva también estaba de acuerdo con la visión del mundo centrada en Dios, la cual sostenía que un dios o dioses nos crearon, y que hubo un propósito para esta creación.

Sin embargo, el Sr. Delano explicó en una entrevista para Orígenes Antiguos que “los antiguos eran más que suficientemente inteligentes como para entender que los mismos fenómenos de observación serían igualmente atribuidos a una rotación de la Tierra sobre su eje”. Así que, ¿por qué entonces esta perspectiva no fue adoptada en la antigüedad?

“La simple verdad es que para el mundo antiguo resultaba más plausible creer que claramente éramos el foco y el centro de lo que veíamos pasando a nuestro alrededor”, agregó Delano.

Por lo tanto, el modelo geocéntrico del universo llegó a ser adoptado como el sistema cosmológico predominante en muchas civilizaciones antiguas, como la antigua Grecia (desde el siglo IV a. C.), incluyendo los sistemas destacables de Aristóteles y Ptolomeo. Sus predicciones astronómicas en su modelo geocéntrico se utilizaron para preparar cartas astrológicas y astronómicas por más de 1.500 años.

Sin embargo, la obra de Nicolás Copérnico (1473 – 1543), un brillante matemático y astrónomo de la Prusia Real – una región del Reino de Polonia – puso los cimientos que finalmente resultaron en miles de años de creencia en un modelo geocéntrico del cosmos que entró en el entendimiento de todos.

La revolución copernicana

En su publicación de “De Revolutionibus Orbium Coelestium” (Sobre las revoluciones de las esferas celestes) en 1543, Copérnico propuso la sustitución del sistema geocéntrico para un modelo heliocéntrico, en el cual la Tierra y los demás planetas giran alrededor del Sol, sobre la base de que el heliocentrismo podía explicar el movimiento de los cuerpos celestes de una manera más sencilla que la visión geocéntrica.

La implicación de esta revolucionaria idea era que la Tierra ya no podría ser vista en su posición central o especialmente favorecida, un concepto que se hizo conocido como el Principio de Copérnico.

Esto fue impactante, y se encontró con una fuerza tercamente resistente: la Iglesia Católica. Después de todo, ¿qué significa realmente para la civilización y la religión el encontrar que “vivimos en un planeta insignificante; una estrella monótona perdida en una galaxia escondida en algún rincón olvidado de un universo en el que hay muchas más galaxias que personas?”. Como Carl Sagan expresó sucintamente en el actual siglo XX.

Un cambio tan radical de la visión del mundo no podría suceder de la noche a la mañana y tomó otro siglo antes de que las ideas de Copérnico llegaran a estar bien establecidas. Mientras tanto, numerosos científicos se acercaron para tratar de medir la órbita de la Tierra alrededor del Sol

“Durante dos siglos los más grandes científicos del mundo trataron de llegar a un experimento en que fuera posible medir ese movimiento de la Tierra alrededor del Sol y que casi obviamente todo el mundo sabía que estaba ocurriendo, explicó Delano.

“Pero, paradójicamente durante dos siglos, cada uno de los experimentos que trataban de medir este movimiento – asumido universalmente – de la Tierra alrededor del Sol, se volvía a un valor cero para el movimiento de la Tierra, y esto se convirtió en un problema muy grande en la ciencia”.

El astrónomo danés, Tycho Brahe (1546-1601), un brillante científico experimental cuyas mediciones de las posiciones de las estrellas y los planetas superaron cualquier medida hechas antes de la invención del telescopio, propuso un modelo que trató de servir como un compromiso entre la explicación geocéntrica y la teoría copernicana.

En este modelo todos los planetas, excepto la Tierra, giran alrededor del Sol. En otras palabras, los planetas giran alrededor del Sol, y el Sol gira alrededor de la Tierra.

“Lo notable es que el sistema de Tycho duplica absolutamente las observaciones que vemos en el cielo al igual que lo hace el sistema heliocéntrico. No hay distinción visual en absoluto entre el sistema de Tycho y el sistema de Copérnico”, explicó Delano.

A lo largo de los siglos XVI y XVII, se hicieron grandes avances en el campo de la astronomía y la ciencia a través de la obra de Johannes Kepler, Galileo Galilei, Isaac Newton, cuyo trabajo es demasiado involucrado para poder abordarlo adecuadamente en este artículo. Así que vamos a ir por delante en el siglo XX y la obra de Albert Einstein.

Einstein, desconcertado por el fracaso de cada experimento para medir el movimiento asumido universalmente de la Tierra alrededor del Sol, buscó una razón para explicar por qué esto no se podía medir. ¿El resultado? Su famosa “Teoría de la Relatividad”.

Sorprendentemente, Einstein sostuvo que el movimiento absoluto no puede ser detectado por cualquier experimento óptico, así como que ningún marco particular de referencia es absoluto. En otras palabras, la física funciona igual de bien teniendo a la Tierra en el centro con el Sol dando vueltas, como para el Sol en el centro con la Tierra dando vueltas.

Sin embargo, Einstein mantuvo que aunque pueda parecer que estamos en el centro del universo con todas las galaxias alejándose de nosotros (como Edward Hubble observó a través de su telescopio en la década de 1920), esto es sólo una ilusión.

Sostuvo que el espacio no es plano sino curvo, y ya que el espacio se está expandiendo, donde quiera que uno pueda estar situado en ese espacio, el movimiento de las galaxias parece ser que irradia lejos de ese punto. Esta teoría apoyó sin duda el Principio de Copérnico de que no hay centros sin bordes y que no hay posiciones especiales. Según Delano, aquí es donde viene el gran problema.

Nuevas observaciones cosmológicas desafían el Principio de Copérnico

Durante la última década, una serie de observaciones cosmológicas anómalas que no tienen sentido surgieron de acuerdo con el Principio de Copérnico, la última de ellas: los resultados del satélite Planck de marzo de 2013. Mientras la ciencia detrás de los resultados es compleja, para decirlo simplemente, el Principio de Copérnico requiere que cualquier variación en la radiación del fondo cósmico de microondas (radiación térmica supuestamente dejada por el ‘Big Bang’) será más o menos distribuida al azar en todo el universo.

Sin embargo, los resultados de las tres diferentes misiones, empezando por el satélite WMAP en 2001, mostraron anomalías en la radiación de fondo que está directamente alineada con el plano de nuestro sistema solar y el Ecuador de la Tierra. Esta alineación nunca antes vista de la Tierra da lugar a un eje a través del universo, al cual los científicos bautizaron como el ‘eje del mal’, debido a las implicaciones alarmantes para los modelos actuales del cosmos.

Laurence Krauss, físico teórico y cosmólogo estadounidense, comentó en 2005:

“Cuando nos fijamos en el mapa [el fondo cósmico de microondas], vemos también que la estructura observada está, de hecho, de una manera extraña en correlación con el plano de la tierra alrededor del sol. ¿Vuelve Copérnico a perseguirnos? Eso es una locura. Estamos mirando a todo el universo. No cabe de que debería haber una correlación de la estructura con nuestro movimiento de la Tierra alrededor del sol – el plano de la tierra alrededor del sol – la eclíptica. Eso dice que somos realmente el centro del universo”.

Los cosmólogos, astrofísicos y otros, inicialmente despacharon el extraño hallazgo como un artefacto, y docenas de documentos e informes siguieron tratando de hacer frente a la anomalía. Pero cuando llegaron los resultados de Planck en marzo de 2013, la alineación se presentó aún con mayor resolución y detalle, y ahora se repitió en tres misiones distintas, lo que sugiere que hay algo más que un ‘artefacto’ que está pasando aquí.

“Lo que puso en marcha realmente la histeria de los medios de comunicación acerca de nuestra película, es que estamos sacando las cubiertas del pequeño sucio secreto de que no sólo no hay estructura, sino que esa estructura está relacionada de manera asombrosa y precisamente a un lugar en el universo, y resulta ser con nosotros”, dijo Delano.

“Si hay algo fundamentalmente equivocado en el principio cosmológico y copernicano, toda nuestra imagen de la realidad está a punto de cambiar de nuevo, y la ironía es que al igual que las últimas dos grandes revoluciones científicas, ambos se centran en torno a esta cuestión persistentemente desconcertante acerca de nuestro lugar en el cosmos”.

Si el documental “Principio” presenta un argumento lo suficientemente convincente como para socavar gravemente el principio copernicano y más de cuatro siglos de la ciencia, aún está por verse. Pero una cosa es segura, llegado el día 10 de octubre será el lanzamiento, no podemos esperar para averiguarlo.

Artículo original: http://www.ancient-origins.net/news-evolution-human-origins-human-origins-science/radical-new-documentary-claims-copernicus-and

Visto en : http://www.lagranepoca.com/33008-documental-principio-pone-duda-copernico-cuatro-siglos-ciencia

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