¿Por qué los estímulos de los bancos centrales no generan recuperación económica?..

Actualmente, todos los bancos centrales a nivel mundial están imprimiendo grandes montos de dinero en un intento de estimular sus economías y una recuperación sostenible. Están siguiendo el dogma keynesiano de que un aumento de la demanda agregada estimulará un aumento del empleo y la producción. Sin embargo, hasta el momento, todo lo que estos bancos centrales han logrado hacer es inflar sus propios balances y cargar con deuda a sus gobiernos. Pero no nos engañemos, los bancos centrales no están a punto de perder su confianza en el concepto de demanda agregada insuficiente. De hecho, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, está considerando imponer tasas de interés negativas para desalentar el ahorro e impulsar el consumo. Tal acción es plenamente compatible con el dogma keynesiano, por lo que otros bancos centrales, a pesar del fracaso de sus medidas anteriores, quieran imitar su ejemplo…

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Trasgrediendo la ley de Say

El dogma keynesiano, como se plantea en su obra magna, La Teoría General del Empleo, Interés y Dinero, intenta refutar la ley de Say, también conocida como la Ley de Mercados. Jean-Baptiste Say explicó que el dinero es un medio para facilitar el intercambio de bienes y servicios de valor real. Por lo tanto, el agricultor no necesariamente compra su coche con dólares, sino con el maíz, el trigo, la soja, cerdos y carne vacuna. Del mismo modo, el panadero compra zapatos con su pan. Tenga en cuenta que el agricultor y el panadero podían comprar un coche y zapatos respectivamente sólo después de producir algo que los demás valoran. El valor atribuido a los productos agrícolas de los agricultores y el pan de la panadería está determinado por el mercado. Si fracasan los cultivos de los agricultores o el pan de la panadería no se horneó adecuadamente, no serían capaces de consumir porque no tendrían nada que los demás valoran, de modo que puedan conseguir dinero en primer lugar. Pero Keynes trató de demostrar que la producción sigue la demanda y no a la inversa.

Uno de sus comentarios más famosos se refiere a la sugerencia de que los gobiernos deberían pagarle a la gente para que haga pozos y luego los rellene nuevamente, con el fin de poner el dinero en manos de los desempleados, que luego sería destinado a consumo y por ende, se estimularía la producción. Pero nótese que los excavadores de pozos no producirían un bien o servicio demandado por el mercado. La teoría keynesiana de la demanda agregada no es más que una excusa para la falsificación. Se trata de una teoría del consumo de capital y no tiene en cuenta el hecho irrefutable de que es necesaria la producción antes que su pueda consumir.

La expansión del crédito impulsada por los bancos centrales es el mejor ejemplo de la indiferencia keynesiana respecto a las inevitables consecuencias de trasgredir la ley de Say. Los billetes se fabrican a bajo costo. El ingreso del crédito en los estados contables se realiza fácilmente y prácticamente sin costo alguno. Así, los que reciben el dinero nuevo, consiguen algo a cambio de nada. La consecuencia de esta transgresión de la ley de Say es el ineficiente uso del capital, lo contrario a lo que tienen como objetivo los bancos centrales al lanzar un estímulo económico. Los economistas de los bancos centrales cometen el error fundamental de confundir el gasto del PIB con lo que significaría a una actividad económica sostenible. Ellos miden el consumo de capital y no la producción.

Dos caminos de destrucción de capital

La expansión del crédito causa el consumo de capital de dos formas. Parte del crédito adicional a disposición de los bancos se prestarán a las empresas que nunca obtendrían una rentabilidad, independientemente del nivel de las tasas de interés. Este es el clásico error empresarial por parte de los banqueros y los prestatarios. Siempre hay un cierto volumen de tales pérdidas, debido a la incertidumbre del mercado y la imposibilidad de prever con precisión las futuras condiciones del mercado. Pero la fiebre de consumo engaña a los banqueros y empresarios, que se vuelven demasiado optimistas al creer que un nuevo paradigma económico ha llegado. Ellos se dejan engañar por las aparentes condiciones favorables del mercado, por lo tanto, los empresarios y banqueros más audaces asumen roles más protagónicos. Cuanto más tiempo se alarga la burbuja, se emprenden más proyectos ineficientes.

Otra parte de la expansión del crédito va a las empresas que podrían obtener un retorno en caso de que cuenten con suficientes recursos disponibles para encarar proyectos aparentemente rentables a largo plazo. Estos son los proyectos en los cuales el costo del crédito es un factor importante en la planificación del empresario. La baja de las tasas de interés impulsa incluso a los empresarios y banqueros más prudentes a reevaluar proyectos que estaban postergados. Este tipo de proyectos requieren muchos años hasta finalizarse, por lo tanto es fundamental por realizar estimaciones futuras de costos lo más exactas posibles. Estas estimaciones de costos parten del supuesto de que hay suficiente capital disponible y que existen recursos suficientes para evitar que los costos aumenten a través del tiempo. Pero ese no es el caso. La teoría austriaca del ciclo económico explica que en ausencia de un aumento en los ahorros reales que libere recursos para destinar a proyectos de largo plazo, los costos subirán y causará que estos proyectos dejen de ser rentables.

Los economistas austriacos explican que una tasa de interés decreciente causada por la expansión monetaria no refleja un cambio en la preferencia temporal de la sociedad, es decir, el deseo de consumo de la sociedad respecto a los bienes actuales y los bienes futuros. La sociedad no está ahorrando lo suficiente para evitar un aumento en el costo de los recursos requeridos por proyectos a largo plazo. A pesar de la intervención del tipo de interés del banco central, la preferencia temporal social se reafirmará y canalizará estos recursos nuevamente hacia la producción de bienes corrientes, en la que se puede obtener rentabilidad, y alejándose de la producción de los bienes futuros.

No se puede escapar de la ley de Say

Ninguna regulación bancaria puede prevenir la destrucción de capital que se manifiesta públicamente cuando aumentan las pérdidas derivadas de préstamos bancarios, las cuales pueden conducir a los principales bancos a niveles de insolvencia. Los reguladores bancarios creen que su análisis empírico sobre la dinámica de las crisis bancarias anteriores revela aprendizajes que pueden servir para evitar otra crisis bancaria. Ellos creen que la negligencia de los banqueros o incluso, conductas delictivas, fueron las causas subyacentes de las crisis anteriores. Pero esto es una contradicción lógica. Debemos recordar que el propósito mismo de la expansión monetaria de los bancos centrales es incrementar los préstamos con el fin de estimular la economía para lograr una recuperación sostenible. Pero esto es imposible. En cualquier etapa, sólo hay una determinada cantidad de capital real disponible en la sociedad y el capital real no puede ser reproducido a través de una computadora del banco central. Como mi amigo Robert Blumen dice, un banco central puede imprimir dinero, pero no puede imprimir ingenieros en sistemas o incluso tazas de café de Starbucks para mantenerlos despiertos y trabajando. Además, obliga a los bancos a tener mayores reservas de capital, que es la meta de la última ronda de negociaciones en Basilea, Suiza. Esto es como colocar cerraduras fuertes en la puerta de un establo, mientras se deja la puerta abierta y cerrar bien la puerta una vez que el caballo ya se ha ido, no evita el escape del caballo. ¿Por qué un inversor compraría las nuevas ofertas de acciones bancarias, si su dinero se evapora con otra ronda de pérdidas derivadas de los préstamos bancarios?

Conclusión

Los gobiernos y los bancos centrales a nivel mundial están envueltos en un intento inútil para estimular la recuperación económica a través de una expansión monetaria. Van a fracasar debido a su ignorancia o negligencia intencional de la ley de Say, la cual nos dice que el dinero es el medio para el intercambio de mercancías ya existentes. Una nueva emisión monetaria no puede crear bienes de la nada, del mismo modo que los bancos centrales crean dinero de la nada. Esta violación de la ley de Say se refleja en las pérdidas en los préstamos, que no pueden prevenirse con ningún marco regulatorio o mediante mayores requisitos de reservas de capital. De hecho, en lugar de estimular la economía para incrementar la producción, la expansión monetaria provoca la destrucción del capital y un menor nivel de vida en el futuro, del que se hubiera tenido sin esa expansión. Los gobiernos y los bancos centrales deberían concentrarse en salvaguardar la libertad económica y conservar una moneda sólida. Esto implica el abandono de todo tipo de intervenciones en el mercado, permitir que existe un comercio libre, reducir gastos improductivos, y sometiendo al dinero fiduciario bajo el derecho comercial normal, que reconocería que la expansión monetaria fiduciaria, ya sea impulsada por el banco central o por los bancos comerciales, como un descarado fraude. El rol del gobierno volvería a su propósito primario: proteger la vida, la libertad y la propiedad, y un poco más.

Patrick Barron es un consultor privado en la industria bancaria. Es profesor en la Graduate School of Banking de la Universidad de Wisconsin; Madison y enseña la economía austriaca en la Universidad de Iowa, en la ciudad de Iowa, donde vive con su esposa de 40 años. Republicado de Ludwig von Mises Institute bajo Licencia Creative Commons 3.0.

http://www.lagranepoca.com/32174-que-estimulos-bancos-centrales-no-generan-recuperacion-economica

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