¿Y si eres liberal y no lo sabes?…

No es posible explicar en pocas líneas qué es el liberalismo (y qué implican todas sus derivadas), pero empecemos por aclarar que su variante económica es sólo una más, y no la de mayor importancia, de las muchas que encierra. Es más, ni siquiera hay consenso sobre si en España entendemos por liberalismo económico lo mismo que el resto del mundo. En cualquier caso, casi siempre que alguien de izquierdas emplea aquí esa palabra lo hace aludiendo a sus connotaciones económicas.

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En cada tradición política occidental rige un concepto distinto de liberalismo. Emil J. Kirchner, en su obra de 1988 Liberal Parties in Western Europe, llega a afirmar: “Es difícil, si no imposible, llegar a una definición del liberalismo de la que se pueda esperar validez en varios de los diferentes países europeos al mismo tiempo”. Los virajes semánticos del término nos llevan incluso a que en Estados Unidos la palabra liberal signifique exactamente lo contrario de conservador. Para un estadounidense un liberal y un progresista son prácticamente la misma cosa.

El liberalismo nació como oposición al Absolutismo, buscaba eliminar la noción de que el poder es una gracia de Dios que se transmite hereditariamente. En 1660, en su obra Dos tratados sobre el gobierno civil (para algunos, la obra fundacional del liberalismo), John Locke escribió: “Lo que comienza y, de hecho, constituye toda sociedad política no es más que el consentimiento de cualquier número de hombres libres capaces de alcanzar una mayoría para unirse e integrarse en una sociedad. Y esto es lo único que hizo o pudo dar inicio a cualquier gobierno legítimo en el mundo”.

En una carta fechada el 15 de noviembre de 1807, Napoleón escribe: “Los pueblos de Alemania, los de Francia, de Italia, de España, desean la igualdad y quieren ideas liberales”. Ésta es una de las primeras veces que se emplea el término liberal en términos políticos. Los avanzados planteamientos que en aquella época planteaba el código napoleónico chocaban frontalmente con las pretensiones de la Reacción (la nobleza y la jerarquía católica).

Liberalismo e igualdad

Porque el liberalismo se basa en dos pilares: las libertades individuales (de pensamiento, de asociación, de prensa, de expresión, de culto, etcétera) y la igualdad de todos los individuos ante la ley. Esa igualdad ante la ley debe garantizarla un Estado de Derecho, laico por cierto, en el que impere la división de poderes y la democracia representativa. El liberalismo, contrariamente a lo que defiende la derecha española (y a lo que erróneamente ha asumido la izquierda de este país), nunca ha estado reñido con la idea de igualdad (ni de redistribución de la riqueza, ni de igualdad de oportunidades) y tampoco ha estado reñido con la idea de comportamientos colectivos. De hecho el consenso para formar una asamblea es la forma primordial de comportamiento colectivo. Quien se identifique con esos dos pilares antes citados ya debería tener derecho, en España, a definirse como liberal, sin mayores connotaciones. De hecho, una inmensa mayoría de los ciudadanos de izquierdas estarán de acuerdo con estos valores, sin que eso los convierta en neocons, conservadores, neoliberales ni fascistas. El liberalismo (sin connotaciones económicas) es una suerte de condición de posibilidad para la coexistencia de diferentes opciones políticas. Aunque el maniqueísmo sea el deporte nacional español, las personas no somos monolíticas. Según el aspecto de la vida de que se trate, podemos adoptar posturas más afines a una u otra ideología política. Se puede ser ecosocialista en lo económico y ultraconservador en lo moral, por ejemplo. O neoliberal en lo económico y liberal en lo moral. En cualquier caso, aceptar el pluripartidismo y el juego democrático, en realidad, ya nos convierte en liberales.

La mayor parte de la izquierda española, sin embargo, tiene urticaria a la palabra liberal, en buena medida porque las variantes económicas del liberalismo (sobre todo la defensa a ultranza de la propiedad privada) han ido ganando protagonismo y relegando otras connotaciones del término.

Haría falta un riguroso análisis historiográfico de cómo el uso del término ha sido entregado en España en monopolio a la derecha. Evidentemente en ese análisis dos momentos contribuirían a explicar dicho secuestro. Uno, en la Guerra Civil. Veamos el prólogo de A sangre y fuego, obra capital del periodista Manuel Chaves Nogales sobre la contienda: “Yo era eso que los sociólogos llaman un pequeñoburgués liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria. (…) Antifascista y antirrevolucionario por temperamento, me negaba sistemáticamente a creer en la virtud salutífera de las grandes conmociones y aguardaba trabajando, confiado en el curso fatal de las leyes de la evolución. Todo revolucionario, con el debido respeto, me ha parecido siempre algo tan pernicioso como cualquier reaccionario”. Cuando estalla la Guerra Civil, el republicano y liberal Chaves Nogales se ve obligado a exiliarse: lo querían fusilar ambos bandos. Frente a los totalitarismos, el liberalismo siempre es visto como el enemigo a batir.

El segundo momento que quizá explica la monopolización del término por la derecha habrá que encontrarlo en la Transición. En los setenta el término neoliberalismo cala en España importado desde Chile, allí es usado por la izquierda para definir las políticas económicas de Estados Unidos que llevan y sustentan al dictador Pinochet en el poder. El presidente Reagan y, en Reino Unido, Margaret Thatcher (la amiga de Pinochet), desmantelan el sector público, desregulan los mercados y aplican esa excrecencia neoliberal llamada monetarismo (la misma que Montoro aplica ahora a las personas, devaluándolas, en lugar de a la moneda).

Así, hasta nuestros días, en España el término liberal pasa a significar casi en exclusiva neoliberal. Sin embargo, de vez en cuando todavía asoma algún uso genuino del término, sin connotaciones económicas. El pasado 29 de diciembre, al hilo de la ley mordaza que prepara el ministro Jorge Fernández Díaz, el escritor Javier Marías decía en El País Semanal: “No les extrañe que dentro de poco el iluminado Fernández y su jefe Rajoy saquen una nueva Ley de Prensa que deje en liberal la hoy vigente en Venezuela”. Aquí Marías emplea la palabra liberal en puridad, sin ninguna connotación económica.

http://www.lamarea.com/2014/01/01/y-si-eres-liberal-y-lo-sabes/

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