¿Y si aceptásemos de una vez que España es un Estado confesional?…

Protestamos recitando esos párrafos de la Constitución que dicen que España es un estado aconfesional y que la iglesia católica debe autofinanciarse, comprobamos indignados la ausencia de la Religión en los sistemas educativos más eficaces (en realidad está ausente también en los más ineficaces), pero a la hora de la verdad, votamos sin rechistar a los partidos políticos que perpetúan los privilegios que Franco concedió a la iglesia, en especial esa presencia inaudita de la religión católica en los colegios públicos.

Por eso, no seremos justos si ahora achacamos al señor Wert la relevancia que otorga a la Religión Católica en este segundo proyecto de Ley de la “Calidad” Educativa que ha presentado esta semana. Lo único que ha hecho es ser coherente con su ideología, con su conciencia y con su programa electoral (ese que se resumía en “vamos a hacer lo que vamos a hacer”). El borrador es nítido y va con la verdad, con su verdad por delante: en todos, en absolutamente todos los cursos de la educación preobligatoria, obligatoria y postobligatoria, los alumnos de entre 3 y 18 años tendrán asegurada la presencia de una asignatura cuyo objetivo es el adoctrinamiento católico. Dicha asignatura tendrá el mismo o más peso, que cualquier otra asignatura. Al fin y al cabo es lo que van a necesitar esos españolitos cuando sean adultos: mucha fe y mucho poner la otra mejilla para recibir una andanada de recortes tras otra. Para asegurar ese adoctrinamiento, sacrificaremos la educación tecnológica, ésa que solo sirve para formar a futuros ingenieros. Al fin y al cabo ¿para qué queremos ingenieros? No necesitamos “ciudadanos” capaces de desarrollar un sistema productivo moderno y eficaz. No, lo que necesitamos es gente que se guíe por la infalible máxima de “lo que dios quiera”, esa máxima que igual sirve para aceptar un desahucio, que una lista de espera de dos años, que un minijob, que una cola en el comedor de Cáritas. Tampoco nos conviene que los chavales estudien mucha filosofía, esa asignatura tiene la peligrosa tendencia de producir “ciudadanos” críticos que no paran de hacerse preguntas. El ministro Wert también ha pensado en ello y ha reducido las horas de Filosofía.

No veremos, no deberíamos ver, a ningún miembro del “principal” partido de la “oposición” atreviéndose a criticar este auge de la Religión al que ellos tanto han contribuido. El P¿S?¿O?E, que ha permitido durante años que los alumnos que no deseasen estudiar Religión fuesen obligados a cursar engendros incomprensibles y sin contenidos como el “Estudio asistido”, lo único que puede alegar es que para hacer estas cosas tenían la decencia de taparse la nariz. Qué menos. Durante décadas en el gobierno, los “socialistas”, han traicionado a sus votantes, a su ideología, a su conciencia y a su programa electoral, todo para asegurarse un puñado de votos. Lo mínimo que se les podía pedir es un poco de coraje para, una vez decidido que iban a perpetuar la Religión Católica en los centros públicos, convocar, inmediatamente, oposiciones y no permitir el vergonzoso e injusto “sistema” de elección de los profesores de Religión. Un sistema con un único criterio: el capricho de un obispo.

Así que, dejemos de ser hipócritas y reconozcamos que nos gusta sufragar con fondos públicos el adoctrinamiento católico, de no ser así no es fácil comprender el respaldo electoral que ambos partidos han tenido todos estos años. De hecho les deberíamos pedir que adecuaran la Constitución a la realidad y que declaren España un estado de confesión católica que tiene la obligación de financiar generosamente a la iglesia católica (no les costará mucho ponerse de acuerdo, hace poco ya modificaron la Constitución en quince días para asegurar que los ingresos del estado se destinarán primero a pagar a los deudores extranjeros y después, en el hipotético caso de que sobre algo, a financiar los servicios públicos).

Por mi parte, voy a dar ejemplo poniéndome al día de la nueva educación que nos preparan y cuando mañana algún alumno me pregunte por qué vuelan los aviones, no le explicaré el funcionamiento de un motor a reacción, ni la fuerza aerodinámica provocada por el diseño de las alas, bastará con que le conteste que los aviones vuelan por la gracia de Dios.

http://www.monemonkey.com/2012/12/y-si-aceptasemos-de-una-vez-que-espana-es-un-estado-confesional/

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