Economía sumergida, ¿una forma de lucha contra los abusos de los políticos? …

Sabíamos que la economía sumergida es una forma desesperada de subsistir en el mercado, pero ahora es también un tipo de resistencia y de lucha contra los abusos y arbitrariedades del poder político. El gobierno, consciente de que la economía sumergida se está convirtiendo en un tipo de resistencia frente a los impuestos abusivos y la codicia de los políticos, se dispone a aprobar incentivos fiscales para que esa economía aflore y genere mas recaudación fiscal…

La economía sumergida avanza por todas partes en España y se ha convertido en un refugio ante la codicia y el abuso de poder de un Estado con el que el ciudadano no se siente identificado y al que mira cada día mas con recelo y rechazo. Son muchos los analistas y observadores independientes que creen que la economía sumergida es ya una forma de combatir al Estado injusto que está conduciendo a España hacia el fracaso.  

Carpinteros, fontaneros, mecánicos, electricistas, cristaleros, albañiles, dentistas, empleadas de hogar y hasta profesionales liberales como abogados, consultores, periodistas, economistas, trabajadores sociales y asesores de todo tipo integran el creciente ejército de los que trabajan sin presentar facturas y cobrando en negro y se defienden de los políticos ocultando sus ingresos, librándose así del expolio de los impuestos y de la burocracia que el poder impone a los que trabajan y emprenden. Conocen los riesgos de trabajar en la superficie: impuestos abusivos, inspectores de Hacienda insaciables, tasas de todo tipo, burocracia insoportable, empresas e instituciones públicas que no pagan y una demanda constreñida porque el poco dinero que existe lo exigen y reclaman políticos codiciosos que se niegan a ceder privilegios y que siempre quieren mas dinero.

Los políticos creen que esa actitud ciudadana es un delito y perecen dispuestos a perseguirlo estimulando a los inspectores de Hacienda con comisiones y a los delatores, pero la marea de la economía clandestina es imparable, precisamente porque mucha gente ha decidido sobrevivir en vez de mendigar subsidios y defenderse de una codicia del poder que no tiene freno y ha preferido asfixiar a los trabajadores y pequeños empresarios en lugar de adelgazar un Estado sobredimensionado y tan costoso que resulta imposible mantenerlo en tiempos de crisis.

Incapaces de luchar contra esa economía que se sumerge para escapar de la predadora e insaciable política recaudadora oficial, el gobierno de Rajoy ha decidido ayudar ahora a los “emprendedores” con una Ley en la que muchos ven una trampa para que muchos “sumergidos” salgan a la luz y paguen impuestos. De cualquier modo, es poco creíble que el mismo Estado que ha cerrado ya mas de 700.000 empresas tras asfixiarlas con impuestos, burocracia e impagos públicos, quiera ahora apoyar al tejido productivo que antes ha destruido.

En lugar de un delito, la economía sumergida parece el verdadero pulmón de la actual economía española, la inyección de oxígeno y de vida que la sociedad necesita para eludir el asesinato que representan las ansias de dinero descontroladas de un gobierno al que no le tiembla el pulso a la hora de cerrar cientos de miles de empresas y liquidar a las clases medias españolas, que eran el alma de la economía y del empuje de la nación. Miles de españoles que pasarían hambre y caerían en la desesperación porque carecen de trabajo se agarran a la economía sumergida y se salvan, del mismo modo que hay miles de desesperados que si no se hubieran echado en brazos de la economía subterránea habrían tenido que suicidarse en la “España oficial” de Rajoy.

Los bancos se sorprenden de los pocos empresarios que piden créditos; los políticos están asustados porque, a pesar de que suben los impuestos, cada día recaudan menos. Nadie entiende por qué España, con mas de seis millones de parados y con diez millones de familias empobrecidas, no se ha lanzado a las calles para protestar por el abuso y la injusticia que emanan de los políticos. La respuesta está en que la gente ha decidido dar la espalda al Estado abusivo, sumergirse y operar en una economía clandestina que elude la codicia y el abuso de poder de una clase política a la que la ciudadanía cada día detesta mas.

Sin duda, la economía sumergida y la actividad económica clandestina son ya en España formas de lucha contra el abuso y la injusticia de esas clases dirigentes que han permitido el enriquecimiento ilícito de miles de políticos, la estafa masiva de las participaciones preferentes, el saqueo de las cajas de ahorros y otras canalladas y perversiones del poder.

Francisco Rubiales – Voto en blanco

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